Llevo 11 años tocando el Violín, un instrumento que se ha convertido en parte de mi vida y de mi forma de expresar lo que las palabras no pueden. A lo largo de este tiempo he aprendido que tocar no solo requiere técnica, sino también pasión, disciplina y alma. Cada nota que toco refleja mi crecimiento, mis emociones y el amor que siento por la música, una compañera constante que me ha enseñado paciencia, sensibilidad y dedicación.
Hubo momentos en los que dudé de mis capacidades y pensé en cambiar de electiva, pero decidí seguir adelante. Con el tiempo comprendí que cada reto forma parte del aprendizaje y que las dificultades son oportunidades para crecer. Gracias al apoyo de mis profesores y compañeras, redescubrí el placer de tocar y aprendí a disfrutar tanto los ensayos como las presentaciones.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario