Desde que tengo memoria siempre he tenido mascota y creo que eso me ha hecho crecer con la fuerte convicción de que el respeto humano - animal es real, así como el amor que podemos llegar a sentir por ellos a pesar de que no puedan hablarnos.
Siento un amor inmenso por los animales, un cariño que nace del alma y se fortalece cada vez que veo su inocencia, su lealtad y la pureza con la que habitan este mundo. Ellos no necesitan palabras para expresar amor, lo hacen con una mirada, un gesto o una simple compañía que llena de paz. Para mí, los animales son seres maravillosos que merecen respeto, cuidado y ternura, porque en cada uno de ellos hay una vida que late con la misma intensidad que la nuestra y un corazón que enseña lo que es el amor verdadero.
Para mí, no importa la especie de un animal para poder amarlo. Todos los seres vivos merecen respeto, cuidado y cariño, sin importar si son grandes o pequeños, domésticos o salvajes. Cada uno tiene su propia forma de expresarse, de sentir y de dar amor, y eso los hace únicos y valiosos. He aprendido que los animales nos enseñan lecciones de lealtad, empatía y gratitud, y que cuando los tratamos con amor, ese amor siempre vuelve multiplicado. Amar a los animales es también una forma de conectar con la naturaleza y reconocer que todos compartimos el mismo mundo.




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